Télam Buenos Aires, 15/08/08 El gobernador Daniel Scioli firmó un convenio para el manejo integral de los residuos sólidos urbanos con el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri, el encuentro se realizó en la casa de la provincia en Buenos Aires. Foto: Prensa Gobernación/Télam/jcp

Martín Güemes. Director de DOMINÓ Consultores

Volatilidad del voto y políticas públicas. Análisis de las elecciones del domingo y lo que viene para la segunda vuelta.

La falta de lectura sobre la volatilidad del voto en Argentina es, en parte, una de las causas que ha hecho que muchos especialistas en política, encuestas y comunicación política hayamos errado tan fiero el domingo pasado con nuestros pronósticos.

Es interesante detenerse a pensar sobre este fenómeno, ya que no es una anécdota electoral, sino un signo del estado del sistema. El domingo pasado, habiendo transcurrido menos de dos meses de las primarias, hemos observado cambios llamativos en los votantes. Es más, probablemente hubo un pase de manos que en los márgenes no se ha notado, habiendo votantes de Scioli que pasaron a Massa y de Massa a Macri. La volatilidad también puede haber ocurrido con un voto progresista anti-kirchnerista, que no se haya animado a expresar en las encuestas que votarían por Macri. Esta volatilidad, a ha hecho, por mencionar un ejemplo, que Carrió pase de obtener del casi 24% en la elección de 2007 al 1,8% en 2011.

¿Qué significa esto? Que probablemente, las identidades partidarias y los vínculos de los espacios políticos con los ciudadanos son débiles. El peronismo, con su versión kirchnerisada de estos tiempos parecía ser una excepción a esta regla, pero María Eugenia Vidal se encargó de refutarla con un contundente triunfo en el centro del poder peronista. Esta volatilidad ha hecho que tengamos en argentina muchos “flash party”, partidos que aparecen por las circunstancias y luego desaparecen, generalmente personalistas: Acción por la República (Cavallo), Recrear (López Murphy), e incluso el PRO, al menos hasta esta instancia, ha basado parte de su apoyo popular en ser el espacio que realmente puede “terminar con el kirchnerismo”, imagen que el Frente Renovador no logró proyectar por más esfuerzos que hizo, sin haberse podido despegar del paso de Massa por este gobierno.

Pero al margen de los nombres propios y las discusiones que se pueden dar sobre estas reflexiones, hay algo más importante en el fondo, que es causa de la volatilidad: la estabilidad y fortaleza del sistema de partidos y, por ende, del sistema político. Esa volatilidad y falta de estabilidad es, justamente, la que hace que aparezcan los Borocotó, que Cristina esté con Cobos en una elección y en contra de él en otra, o que Macri se asocie con Solá y De Narváez y en la siguiente elección los enfrente. La falta de fuerza en las identidades partidarias posibilita estos cambios y puede leerse como una debilidad del sistema de partidos. Muchas personas ya no votan partidos, votan conceptos como “Cambiemos”, “Patria o Buitres”, o votan personas, como el caso de Vidal que logró transmitir algo nuevo y confiable, y así sacó incluso más votos que el propio Macri. No estoy queriendo decir que las identidades no existan. Las hay y bien definidas, pero hay muchos conductos inconexos de estas con los ciudadanos.

Lógicamente esto no es algo solamente cultural, está fuertemente influido por las sucesivas reformas legales electorales que se fueron produciendo en el país. Esta inestabilidad es posiblemente una de las causas de que en Argentina no hayamos podido lograr que la dirigencia política establezca políticas de Estado compartidas. La segunda vuelta es una gran oportunidad para ello. Considero que antes de afrontar el show mediático de los debates en TV, sería loable que, aprovechando que han quedado dos personas en este trecho final, se reúnan a dialogar y establezcan, de cara a la ciudadanía, políticas públicas que se comprometan a mantener en torno a temas estratégicos como: educación pública, acciones sociales para los más vulnerables, vivienda, deuda externa, origen y destino de las inversiones que busquemos, desarrollo industrial para la generación de divisas, energía, desarrollo de tecnología, paritarias, grado de intervención del Estado en la economía, políticas de comercio exterior, Malvinas, entre otros.

Incluso es una oportunidad para que todos los argentinos cambiemos la forma de discutir con nuestros allegados, buscando las coincidencias primero antes de debatir sobre las diferencias. La unidad en la diversidad es la fuerza de este pueblo que encara su tercer centenario de vida. ¿Es mucho pedir?

Fuente: Que Pasa Salta