cristina-scioliEn el 2016 el PJ definirá su interna y la unidad se percibe como un corolario clave. ¿Cuáles son los desafíos y los sectores claves para su reconfiguración?.

por Juan Federico von Zeschau

El vasto y amplio universo peronista va a moldear su forma y aristas en base a sus propias contradicciones y procesos, pero también, en relación a las políticas y acciones del oficialismo amarillo. Frente a un horizonte internista en 2016, la tendencia del peronismo será hacia la dispersión, con algunos centros de gravedad donde se puede fortalecer una dinámica integradora.

La balcanización, sin embargo, se impone. Durante los próximos meses cada dirigente y agrupación peronista va a tender a acumular para sí misma. Es el mejor camino para posicionarse en la disputa interna y en 2017 pelear el armado de listas legislativas. Es el momento de “regar la quintita”, podría decirse: volver a tejer los entramados heridos, refugiar a los propios, incorporar a los nuevos militantes, armar frentes para negociar en paridad, tanto con compañeros como con ajenos.

La Matanza fue el primer fortín en erigirse. Su ex intendente encabezó una convocatoria que reunió a Daniel Scioli, Julián Domínguez, Alberto Pérez y otros intendentes de la tercera, entre la que resaltaba la dueña de casa, Verónica Magario. El marco es la reconstrucción del PJ, tarea que desean cargarse a cuestas varios dirigentes del justicialismo. Como su contraste espejado, en Hurlingham se organizó otro encuentro del que formaron parte Martín Insaurralde, Juan Zabaleta, Leonardo Nardini, Mariano Cascallares, Fernando Grey, Juan Pablo de Jesús, Gabriel Katopodis, y Ariel Sujarchuk. Ya se observa que la tarea de reconstrucción del peronismo será lenta y cuesta arriba. Se discute quién va a tener un asiento en la mesa chica de la conducción provincial. Estos son sólo los primeros destellos de esa contienda.

Magario intenta posicionarse como la antagonista del ejecutivo provincial. En los últimos días fue muy crítica de la merma de los recursos que se destinan en concepto del Fondo Sojero a las intendencias bonaerenses. Con la baja de las retenciones al 30%, ingresarán un 14,5% menos de recursos en las arcas municipales. Magario va delineando su estrategia: la resistencia en el conurbano sur. Surge la incógnita acerca de si la reducción del Fondo Sojero será motivo de conflicto con la provincia o puede colaborar a ordenar (o acaso apaciguar) a los intendentes opositores. Vidal podría sentarse a negociar con municipios asfixiados por los gastos corrientes, y con la llave de la caja en su poder. Esa estrategia, no obstante, puede quedar en una simple expresión de deseo si el asunto se desmadra. Menos recursos para los gobiernos locales pueden representar una gobernabilidad frágil en el conurbano. La propuesta realizada por Scioli quizás sea la mejor en estos momentos. El candidato había anunciado la baja de retenciones agrarias, pero había prometido mejorar la participación de las provincias en el Fondo Sojero, de un 30% a un 50%.

Queda pendiente saber qué fracción del peronismo bonaerense será el colaboracionista. Los indicios apuntan a los renovadores; ellos son los que tienen todos los números para cumplir ese rol con puntaje sobresaliente.

En el plano nacional, la cancha está marcada de forma menos tenue. La conducción de Cristina sigue firme, pero en disputa. Su relación directa con parte del electorado y su capacidad de movilización la pone en un lugar de privilegio. Aunque florecen las críticas y los reproches por la derrota. Por esa razón, el “Chino” Navarro salió a defender su liderazgo y se distanció de Urtubey. Otros referentes del kirchnerismo también atacaron al gobernador de Salta, algunos por elevación. Guillermo Moreno lo acusó tácitamente de integrar el ala derecha del movimiento, aquella que aboga por un “peronismo prolijo”. La interna está abierta. 2016 será su año. Y la unidad como corolario se percibe necesaria. No es probable que el peronismo sea competitivo en las legislativas si no se alcanza una propuesta superadora que integre a sus dos grandes vertientes internas.

La lente apunta hacia el sindicalismo. El coqueteo con la unidad puede ser un mecanismo para ordenar la protesta, y Moyano, su operador. Así lo desliza Caló. Pero lo cierto es que la protesta verbal de los dirigentes sindicales fue una de las respuestas más visibles frente a las medidas de Mauricio Macri. Además, los representantes de los trabajadores organizados ya tienen un punto común en su agenda: el bono de fin de año en compensación por el deterioro del salario.

Por otro lado, pese a que las acusaciones solapadas de Caló son verosímiles, la disputa por la conducción de la central obrera puede fogonear discursos cada vez más intransigentes. Si impera el método de diferenciarse del oficialismo gobernante, la central podría convertir en un bastión opositor. O, aunque sea, una trinchera complicada de sortear. Para el caso, una CGT unificada es una buena noticia. Tiene el potencial de constituirse en un centro gravitacional para el peronismo, un faro estable en el medio de la tormenta interna que se está desatando. En el páramo al que fueron arrojados los ahora opositores, la CGT puede ser una fuerza centrípeta que arrastre hacia el acercamiento de posiciones.

Una dato a tener en cuenta: Las últimas elecciones dejaron, entre alguno de sus saldos, la incorporación masiva de nueva militancia. El conflicto con el campo en 2008 había producido un resultado similar. La polarización tiende a definir posiciones políticas más compactas, reduce el margen para los grises. El desafío es facilitar la puerta de entrada para esa militancia “autoconvocada”, los “empoderados” por Cristina, cuyo ascendente sobre ellos es indiscutible. El sindicalismo no puede recibirlos, no es adecuado para ese fin. ¿Esos militantes se incorporarán entonces a través de los caminos habituales –las unidades básicas, los centros culturales, las redes sociales-, o se abrirán nuevos espacios? Es una marea que si no se encuadra puede agotarse en el espasmo de unas cuantas marchas. Quizás, el acto de Kicillof en Parque Centenario respondió a esa necesidad, y tuvo el objetivo de incluirlos en un estructura ya existente.

El peronismo movió su eje de sustentación hacia las bases. El vértice está en discusión y relativamente deslegitimado por sus resultados. Por eso, muchas agrupaciones se han dado la tarea de crear organización. Cuatro años es mucho tiempo para pasarlo a la intemperie como un francotirador solitario. Algunas convocatorias no pasan de ser una especie de grupo de autoayuda y contención. Otros espacios, son por ahora sólo un jurado de acusación a un idealizado votante macrista. Desde ya, es un proceso que debe darse, el de la asignación de culpas, propias y ajenas, el de la contención. Pero una fuerza política no se construye sólo en relación al pasado. Debe ser propositiva. Esa parece ser la tarea del año entrante.

Fuente: Política Argentina