Gran parte del electorado que impulsó a Mauricio Macri a la presidencia suponía un cambio radical en las formas en que se administra el Poder Ejecutivo y en las relaciones que éste traba con los otros poderes del Estado. Sin embargo, y como en casi todas las democracias del mundo, los cambios no son ni tan profundos ni tan vertiginosos.
Si bien ha pasado muy poco tiempo como para comenzar a sacar conclusiones respecto al comportamiento del nuevo gobierno que administra la Argentina, es necesario intentar a aventurar algunas reflexiones acerca de su comportamiento a la luz del momento más prolongado de ejercicio democrático ininterrumpido en nuestro país.
El cambio de color político al frente del Poder Ejecutivo Nacional, quizá tanto como el que se produjo en el de la provincia de Buenos Aires, suponía como consecuencia y como motivación una modificación drástica tanto en las estructuras de decisión, como en las categorías para pensar y analizar la política.
Una de las críticas fundamentales del conjunto de las fuerzas políticas que integran el Frente Cambiemos al gobernante Partido Justicialista y su Frente Para la Victoria era el abuso y avasallamiento del Poder Ejecutivo por sobre el resto de los poderes públicos. Así, tanto el Legislativo como el Judicial se encontraban bajo constantes presiones e invasiones de la Casa Rosada.
Gran parte del electorado que impulsó a Mauricio Macri a la presidencia suponía un cambio radical en las formas en que se administra el Poder Ejecutivo y en las relaciones que éste traba con los otros poderes del Estado. Sin embargo, y como en casi todas las democracias del mundo, los cambios no son ni tan profundos ni tan vertiginosos. Las categorías de la práctica política y sus instituciones (tanto formales como informales) no mutan en un día y si bien es cierto que no hay mejor lugar para impulsar cambios en el comportamiento de la elite dirigencial, política, social y empresarial de nuestro país que el sillón de Rivadavia, también aparece la constante “tentación” de utilizar los viejos y conocidos métodos que posee un Presidente en un país muy acostumbrado al híper-presidencialismo.
Un DNU para gobernarlos a todos
Una de los ejemplos ineludibles de estos impulsos presidencialistas es la utilización del mecanismo constitucional del Decreto de Necesidad y Urgencia realizando interpretaciones que rozan el “estiramiento conceptual” de Sartori, para designar dos idóneos candidatos a ocupar lugares en la Corte Suprema de Justicia. O incluso su uso para modificar las leyes que crean determinados organismos en el Estado, con el fin de modificar la estructura de las carteras ministeriales.
Allí comienzan los interrogantes acerca de los motivos que justifican el uso/abuso de tales herramientas y en conjunto con esos incentivos que explican la excepción aparece la constitución de un “rival” político o un “enemigo” político: una contraparte que el macrismo está constituyendo una vez más y al igual que sus antecesores en Balcarce 50, en el pasado. Más específicamente, en la gestión anterior.
Vísteme despacio que estoy apurado
Por otra parte y en materia económica, otra porción del electorado esperaba políticas de shock que posibilitaran una salida acelerada del estancamiento económico con inflación. Sin embargo, la mayoría de las medidas anunciadas suponen un “gradualismo” tanto en materia inflacionaria como en el achicamiento del déficit fiscal, en síntesis, un Estado que seguirá gastando activamente y ocupando un lugar central en el funcionamiento de la economía argentina. No tan distintos, ¿no?
Una propuesta que no puedan rechazar
En términos de la relación con el Poder Legislativo nos encontramos con lo que técnicamente se conoce como “gobierno dividido”. Es decir, el frente o partido que ocupa el PEN no posee mayoría en el Congreso. La particularidad de la situación de este gobierno es que no posee esa mayoría en ninguna de las dos cámaras. Una de las explicaciones de por qué no la posee en la Cámara de Diputados puede ser la subrepresentación política de los grandes centros urbanos en la cámara baja. Otra, la falta de territorialidad en algunos distritos electorales más pequeños y sobre representados. Más allá de los motivos que la conforman, la realidad efectiva es un Congreso con mayoría opositora: ¿Qué estrategias se dará el Ejecutivo de Macri para con el Congreso Nacional? No lo sabemos aún, sin embargo podemos pensar algunas tácticas que han resultado tan efectivas como utilizadas anteriormente y podría esperarse que volvamos a ver en breve.
Lo bueno, si breve, dos veces bueno
Como primera medida el gobierno de Macri decidió que había una situación de suficiente emergencia como para emitir DNU’s pero no tanto como para llamar al Congreso a reunirse en sesiones extraordinarias. Esto puede leerse como una decisión del nuevo Presidente de que el Congreso se reúna la sólo la mínima cantidad indispensable de tiempo. También puede ser leído como una demarcación de cancha para los próximos dos años legislativos, sin embargo es una demostración con un costo elevado para el propio electorado.
Si no tengo mayoría, que no la tenga nadie
En una situación de minoría en la Cámara de Diputados de la Nación, una de las estrategias más efectivas es la de trabajar en el impedimento de la consolidación de una mayoría opositora que permitiera la sanción de leyes y obligue al ejecutivo a hacer uso de la herramienta del veto. Para ello, es conveniente enviar iniciativas del PEN con proyectos de ley cuyas temáticas dividan el campo opositor permitiendo ciertos niveles de acuerdo con el oficialismo y que funcionen como disrupción la consolidación de un homogéneo bloque opositor. No permitir la conformación de “una” oposición sino la coexistencia de “muchas” que circunstancial y temáticamente puedan funcionar como aliadas al oficialismo.
Divide y reinarás
El principal partido de la nueva oposición es el ex oficialismo. El partido más importante del sistema en todo el período democrático. Quizá una de las condiciones de posibilidad del acceso del frente Cambiemos al poder sea la escisión del peronismo. Esta estrategia puede traducirse a la institución legislativa operando puertas adentro de la renovación generacional del peronismo, haciendo lugar a la posibilidad de existencia de un PJ que hace oposición “responsable” dispuesto a acompañar iniciativas del gobierno nacional que permitan a un grupo de jóvenes (y no tan jóvenes) diferenciarse política y legislativamente de la expresidenta.
El Federalista
Para la Cámara de Senadores la estrategia podría ser similar a la que Vidal, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, está poniendo en práctica para aprobar el presupuesto provincial. Sumada a la mencionada división política de los bloques, se trabaja sobre un escenario de acuerdos entre el Poder Ejecutivo provincial y los ejecutivos municipales que actúan como disciplinadores territoriales de los legisladores de su partido. Hacer primar los acuerdos entre poderes ejecutivos a nivel nacional implica hacer que los gobernadores intervengan en las decisiones legislativas de los representantes de sus provincias en el senado nacional. Esta maniobra está basada en los incentivos que el Poder Ejecutivo les proponga a los gobernadores provinciales más allá de su color político y que suele sustentarse en la ejecución de obra pública e inversión en infraestructura. Debajo de la manga y como amenaza velada, el Ejecutivo Nacional ya comenzó a agitar el fantasma de la rediscusión de la ley coparticipación federal.
¿Suena familiar?
Cualquier tipo de coincidencia con el pasado es pura responsabilidad de la vida en democracia.
Fuente: Bastión