La presidenta tuvo un ida y vuelta con los alcaldes bonaerenses. Defendió a La Cámpora y a De Vido.
Cristina Kirchner reunió a medio centenar de intendentes bonaerenses para repasar el escenario político, descargar broncas guardadas y evaluar cómo manejarse ante el gobierno de Mauricio Macri.
Fueron dos horas y media de charla en la sede de su Instituto Patria, a la vuelta del Congreso, con ella sola en un panel y los alcaldes desparramados en sillas de plástico. Pocos creyeron que haya cambiado algo.
“Es increíble que Macri haya logrado esto. Despertó a un gigante dormido”, se lamentaba a un intendente que, como todos los presentes, creyó que no podía faltar. “Si es líder o no, lo decidirá la gente”, se consolaban.
Los alcaldes del interior, siempre más irreverentes, le pidieron una autocrítica por la derrota electoral pero lo lograron a medias. “La culpa es mía, no de La Cámpora”, se animó a admitir.
Pero luego habló de la “pésima campaña del candidato”, por Daniel Scioli; y de “los que no quisieron competir”, en alusión a Florencio Randazzo. “Es Cristina, al 30%”, bromeaba un alcalde.
Sólo la acompañó Julio De Vido, que seguía la charla de lejos. “A Julio hay que defenderlo; y a Axel (Kicillof) también”, pidió Cristina, que sabe que el ex ministro de Planificación es amigo de los intendentes y el economista ni los conoce.
Cristina había dado una introducción conciliadora, conciente de que no pocos guardaban broncas. “Esto no es un cuadrilátero ni una demostración de fuerza. Es una reunión de compañeros para discutir el futuro político”, se presentó la ex presidenta, en la sede de Rodríguez Peña 80, donde funcionará el Instituto Patria, el think tank cristinista.
“Podemos tener una charla sincera, abierta y discutir la política del país”, siguió su charla introductoria Cristina, desde un panel y sin compañía, con más de 50 intendentes desparramados en un salón.
Fue dura con Macri por “la transferencia de recursos que hizo de los sectores trabajadores a los altos”, pero hubo quienes le aclararon que necesitaban sostener un diálogo institucional.
Entre los ausentes se destacaron Alejandro Grandados (Ezeiza), Mario Ishii (José C. Paz) y Gabriel Katopodis (San Martín), además de varios del interior del país que podían alegar problemas logísticos para llegar, sobre todo porque Cristina convocó recién el viernes.
Los que no se animaron a pegar el faltazo fueron Marín Insaurralde (Lomas de Zamora) y Fernando Espinoza, ex intendente de La Matanza pero dispuesto a escoltar día y noche a su sucesora Verónica Magario.
Ambos no abrieron la boca, pero dieron la nota: Insaurralde se fue mufando, enojado por la alta convocatoria; y la presencia de Espinoza sorprendió a varios de sus ex colegas que lo habían escuchado despotricar contra Cristina en un almuerzo. No imaginaban que quisiera escucharla.
Sólo pareció que la situación podía desmadrarse cuando Julio Pereyra, intendente de Florencio Varela, le recriminó la alianza de Nuevo Encuentro con el PRO que le dio a esta fuerza la presidencia de su Concejo Deliberante.
“Yo le dije a Martín Sabbatella que eso estaba mal. Pero también es cierto que si ustedes dicen que yo no conduzco, no puedo intervenir”, devolvió el reproche la ex presidenta.
Francisco “Paco” Durañona y Vedia (San Antonio de Areco) y Jorge Ferraresi (Avellaneda) se deshicieron en elogios, Magario y Hernán Yzurieta (Punta Indio) reseñaron los problemas socioeconómicos de sus distritos. Otro cristinista furioso fue Juan Mussi (Berazategui)
Los intendentes esperaron en vano que cerrara con un plan de acción. “Vino cuando quiso habló y no sabemos cuando vuelve”, se lamentaban.
Pero sí escucharon el discurso que había repetido ante los diputados: “No hay que enredarse en discusiones de dirigentes, sino sumar representatividad, estar cerca de la gente. Hay que ir a los clubes de barrio, cooperativas y armar un frente ciudadano”, insistió. No mencionó el PJ. No le interesa.
Fuente: LPO