Opinión

EL PERONISMO ESTÁ CON EL CUCHILLO AFILADO

El peronismo está con el cuchillo afilado

En lanzamiento de Randazzo. La reacción de Cristina y La Cámpora. Los emisarios de Massa. La CGT y los intendentes.

El lunes, un operador directo de Sergio Massa habló con un hombre de máxima confianza de Florencio Randazzo. “Decile al Flaco que si se viene con nosotros tiene el primer lugar en la boleta” prometió el diputado Raúl Pérez, del Frente Renovador. No hay constancia de que se haya tratado de una propuesta oficial de Massa. Pero la respuesta de Eduardo Di Rocco, ex ministro bonaerense y actual director del Banco Provincia, reflejó la posición de Randazzo. “Mejor decile vos a Sergio que si quiere venga a dar la pelea adentro del peronismo”. Punto y aparte.

Ese fue uno de los tantos rebotes que tuvo, al interior del peronismo, la noticia de que Randazzo había decidido enfrentar en la interna a Cristina o a quien Cristina pusiese, sea Daniel Scioli o cualquier otro dirigente a sus órdenes.

Otras reacciones vinieron pronto desde La Cámpora. La combativa diputada Mayra Mendoza, única mujer en la conducción camporista: tuiteó “Un año y medio escondido mientras el pueblo sufre la embestida de Macri-Vidal. Con nuevo sponsor se anima”.

Revelada el domingo anterior por Clarín, la información movió también el amperímetro del Gobierno: la estrategia fácil de la polarización con la ex Presidenta dejaba de ser inevitable.

Cristina misma dejaba de ser inevitable, al aparecer un referente capaz de representar al muy amplio espectro peronista –sindicalistas, intendentes, dirigentes sociales, legisladores- dispuesto a dar vuelta la página del capítulo kirchnerista y encarar una curiosa renovación.

Es que los autodenominados renovadores son muchos de los que estuvieron con Ella hasta el final. Pero ahora se imaginan un futuro sin Ella, sin sus capataces, sin La Cámpora ni los aplaudidores por izquierda de Nuevo Encuentro a los que aborrecen más que a nadie.

En la semana Randazzo atendió decenas de llamadas. Habló con José Luis Gioja, presidente formal del PJ: con gobernadores como el chaqueño Domingo Peppo, el formoseño Gildo Insfrán y el entrerriano Gustavo Bordet; con baqueanos que conocen todas las mañas del peronismo como José Pampuro. Y hasta con amigos de otro palo como Emilio Monzó, macrista y presidente de la Cámara de Diputados.

El martes, desde su oficina a tres cuadras de Plaza de Mayo, salió a caminar la gran manifestación de la CGT contra la política económica. Contó que recibió montones de saludos y pedidos de selfies. Pero que también se comió alguna puteada y algún grito de “traidor”. Fácil no la va a tener, ni en la rosca de dirigentes ni en la calle. En el peronismo ya están todos con el cuchillo afilado.

Ese día, el final violento de la marcha de los sindicatos mereció lecturas contrapuestas en el peronismo que se pretende renovador.

Para algunos salió ganando Cristina, porque en la imagen final quedaron dominantes los grupos de choque que se identifican con ella y actuaron con logística facilitada por municipios del GBA como Berazategui. Fueron los que coparon –junto con militantes gremiales de izquierda- el frente y la retaguardia de la salida del palco, obligando a los dirigentes de la CGT a irse a las apuradas, entre insultos y trompadas.

Para otros se consolidó la necesidad de unirse contra Cristina, porque los disturbios dejaron en claro que Ella solamente concibe la unidad si es bajo su mando. Y porque en su nómina rencorosa de traidores a ser escarmentados los jefes sindicales ocupan una posición de privilegio.

Máximo Kirchner naturalizó esta idea, cuando respaldó a quienes habían abucheado a la CGT reclamando que ponga fecha a un paro general contra Macri. “A eso se fue” explicó el hijo de dos presidentes. Y deslizó que “puede haber temor” en los jefes sindicales sobre “las consecuencias de asumir la representación de los trabajadores”.

Una primera consecuencia política de ese final turbulento fue que casi no quedan miembros de la conducción de la CGT al margen del emprendimiento Randazzo. El propio ex ministro aseguró a su gente que Francisco “Barba” Gutiérrez, metalúrgico y secretario de Interior de la central obrera, estaba de su lado más allá de las reyertas con Pablo Moyano y el mecánico Ricardo Pignanelli por cuestiones de poder interno.

Intendentes del Grupo Esmeralda, que es el más afín a Randazzo, cuestionaron el manejo sobre el terreno que hizo el triunvirato de la CGT. “Si le ponían fecha al paro se quedaban con todo el rédito de la marcha”, dicen.

Los intendentes conocen mejor que nadie el pulso de la gente y de los barrios. Ellos aseguran que “la calle no compra la idea de la polarización entre Macri y Cristina”. Y que lo que hay, y mucho, es “enojo con el Gobierno” incluso en comerciantes y pequeños empresarios, por la persistente caída del consumo y el salario y la falta de trabajo.

Hay una línea de tensión entre los peronistas que gobiernan municipios y Fernando Espinoza, poderoso jefe de La Matanza y titular del PJ bonaerense. Los intendentes le reclaman que se despegue de Cristina y La Cámpora y se recueste sobre ellos. Espinoza está en un dilema. Es cierto que los intendentes manejan el territorio. Pero el corazón de muchos de sus votantes está con Ella.

La intención de Espinoza es enhebrar una unidad lo más amplia posible, con el kirchnerismo adentro aunque Cristina no sea candidata, y casi sería mejor que no lo fuera. Está convencido que así se le gana la elección a Macri en octubre. Tiene dos problemas: Cristina no quiere esa unidad y Randazzo y quienes lo acompañan tampoco. Parece inevitable que el peronismo resuelva su crisis de liderazgo midiendo fuerzas en una interna.

Igual, todos prefieren a Espinoza de su lado. Cristina de algún modo ya lo tiene, aunque sea en última instancia y cuando se queman los papeles. Randazzo está pensando una oferta: si gana la interna le va a apuntar directo a la candidatura presidencial en 2019 y eso deja abierto el espacio para la pelea por la gobernación.

El que casi no habla en estos días es Massa. El surgimiento de un polo interno contra Cristina le angosta su “ancha avenida del medio”. Algún intendente, que lo quiere bien, diagnostica casi con pesar: “si seguimos así a Sergio la ancha avenida se le va a convertir en un zanjón”.

Hábil declarante, Massa hizo una breve aparición mediática durante su visita a Expoagro, el día después del turbulento final del acto sindical. “En la Argentina hay dos oposiciones: una inteligente, que nos toca liderar y le pone límites al Gobierno; y otra violenta que se dedica a ver cómo destruye, ésa es la lógica del kirchnerismo”, dijo. Esas palabras estuvieron alineadas con su acción principal en estos días, que fue hacer hablar a las encuestas.

Ese mismo día se difundió un compendio de cuatro mediciones que mostraban a Massa y Margarita Stolbizer como los mejores representantes de la oposición, por encima de Cristina y Scioli. En todos los casos quedaba en tercer lugar una eventual –pero imposible- oferta oficialista con Elisa Carrió y Jorge Macri.

Fueron considerados los sondeos de Management & Fit, Hugo Haime, González-Valladares y Raúl Aragón. El estudio de Haime, además, sostiene que Massa es el mejor posicionado para derrotar a Cristina. En todas esas encuestas Randazzo aparece cómodamente retrasado.

Además, en una medición reciente de la consultora Opina Argentina, Massa aparece con la imagen positiva más fuerte (54%) y la negativa más baja (39%), en un quinteto donde detrás suyo quedan ubicados Randazzo, Stolbizer, Cristina y Scioli.

Pero Massa va a necesitar más que esto para mantenerse competitivo. Su espacio político está amenazado. El año pasado María Eugenia Vidal ya le llevó a Joaquín de la Torre, pieza clave del Frente Renovador que dejó la intendencia de San Miguel para ser ministro provincial. Ahora, desde el peronismo están llamando abiertamente a Felipe Solá, a Facundo Moyano y al diputado Héctor Daer, miembro del triunvirato de la CGT.

En otras instancias peronistas, aún entre aquellos que ya se apartaron del control de Cristina, hay cautela con el lanzamiento de Randazzo. Quisieran ver “definiciones claras y posturas firmes” del ex ministro, que insiste en jugar callado. Opinan, además, que enfrentar a la ex Presidenta dentro del peronismo “es un riesgo, porque si te gana la interna terminás legitimándola y le hacés un favor al Gobierno dejándole servida la polarización”.

Cristina sigue siendo, para bien o para mal, la única pieza capaz de darle sentido y completar el rompecabezas endemoniado del peronismo y la Provincia.

Fuente: Clarín

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