Provincial

El desafío de Sáenz

En 2009 la alianza porteña bonaerense de Francisco De Narváez, Mauricio Macri y Felipe Solá se impuso al FPV, representado en Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa. Los titulares que enmarcaron el batacazo daban por hecho “el fin del kirchnerismo”.

Dos años después, Cristina Fernandez ganó la elección presidencial con el 54% de los votos. Ni De Narvaez, ni Macri ni Solá fueron candidatos.

Tal vez haya tres ideas sobre la que podamos estar de acuerdo: La política son ciclos, ningún escenario es igual a otro y nada es lineal.

Dicho esto, y sin ánimos comparativos, permítanme que utilice aquella elección como referencia a que nada está dicho.

La victoria política del intendente Gustavo Sáenz, por la importancia que tenía la elección para Urtubey, por ser su último mandato y por los resultados de las PASO, provocó una ola de opinión que dio por hecho que Sáenz será el próximo gobernador.

Sin embargo, el camino a la sucesión le presenta desafíos, superables, pero hasta el momento subestimados.

Como en 2009, la oposición se sobrepuso a sus diferencias y logró una alianza con liderazgos y representación territorial.

Liderados por Sáenz, en la categoría que consagró a Martín Grande, la alianza se integró por el PRO, la UCR, sectores disidentes del justicialismo y otras expresiones minoritarias.

A nivel local, esa alianza tuvo sus matices. La UCR presentó sus candidatos propios.

Y aquí surge uno de los primeros indicios de la dificultad. En Salta no hubo Cambiemos porque tanto la UCR como el PRO tenían reparos a la figura de Sáenz por su origen peronista.

La UCR. Si tenemos en cuenta que en ésta legislativa no se jugaba tanto como en una ejecutiva, y aun así el radicalismo tuvo sus reparos a ser parte de una alianza con ex justicialistas. Si a esto le sumamos el buen resultado obtenido, volviendo a gravitar en la capital, y a que Miguel Nanni se “guardó”, podemos conjeturar con la posibilidad de que aspiren a un proyecto partidario a la gobernación propio.

El PRO. Un poco menos díscolo, hizo público su malestar a la incorporación de una lista del PJ, pero acompañó al intendente y su candidato a Senador provincial. Sin embargo, de cara a 2019 la situación será diferente, porque ganó.

La misma victoria que suspendió las aspiraciones presidenciales de Urtubey y erigió a Sáenz como verdugo del oficialismo y futuro gobernador, es la que creó tal vez, su principal problema.

La sensación de éxitos, la hazaña y los porcentajes se diluyen en la memoria colectiva al tiempo que crece en ella la posibilidad de que Cambiemos tenga su candidato “puro”.

En el PRO está claro que hay que ganar, primero con uno propio, si es imposible, con un aliado. El 2017 fue el año en que sembraron sus candidatos a lo largo del país. En Salta, Sáenz aró la tierra.

Aunque incomprobable, un segundo lugar de Martín Grande habría moderado la proyección del PRO de cara al 2019.

Gustavo Sáenz deberá lidiar con los egos y ambiciones, validas, de la UCR y el PRO. Le sumemos en el escenario político capitalino al Romerismo, que resurge en el triunfo de Bettina.

Una competición donde el oficialismo provincial presente un solo candidato (algo que tampoco está resuelto) y la oposición se fragmente con Sáenz y las candidaturas de Martín Grande, Miguel Nanni y Alfredo Olmedo, será una probable victoria para el urtubeycismo.

Nada está dicho, pero nada es lineal.

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