Provincial SP

Para el ovido

Matías Cánepa va camino a cerrar una de las semanas más complicadas del año. Reclamos del sector privado, pedidos gremiales de renuncia y desmadre en Cultura

Distintas voces se han levantado para señalar que uno de los impactos más negativos de la pandemia de Covid 19 alcanzó a la educación, aun cuando  la economía pareciera que es la más perjudicada por el paro que produjo el aislamiento vigente desde marzo pasado. Con la misma contundencia con la que los gobiernos señalan que por encima de cualquier consideración se debe colocar a la salud, la sociedad va demandando una acción más equilibrada, que trate de sostener los distintos ámbitos en que se desarrolla la vida comunitaria.

Aún con el virus causando estragos en distintos puntos del país, al igual que en la región y el resto del mundo, ya hay quienes estén definiendo y llamando la atención sobre propuestas para reactivar la economía, agotadas las posibilidades de seguir emitiendo moneda sin respaldo, alimentando los fantasmas de la recesión y la inflación. No pareciera que hubiera margen para esperar que la expansión de la pandemia se morigere y se prefiere marchar a la par para frenar la caída del PBI, que está generando uno de los datos más dolorosos de esta tragedia.

Es que UNICEF ha informado que en la Argentina, mucho más de la mitad de los niños y adolescentes será pobres al cerrar este año. Los efectos de la pobreza se multiplicarán en tanto la educación claudique como herramienta de transformación social. 

La inactividad de los establecimientos educativos mostró que la argentina es una de las sociedades más desiguales. Solo una pequeña franja pudo sostener el proceso de formación del recurso humano a través de la virtualidad; otra parte se tuvo que conformar con voluntarismo docente y tecnología restringida y la mayoría quedó a la vera del camino. Lamentablemente son los que integran el 63% que la organización internacional que se ocupa de la infancia anticipa padecerán todo tipo de carencias.

En Salta, el sistema educativo ha sentido el cimbronazo de la pandemia cuando el cambio de conducción le restaba fortaleza. La transición no fue el mejor momento para encarar el golpe y se tomó la peor decisión: convertir la parálisis de la cuarentena en un período de latencia cuando hubiese sido óptimo que sirviera para la detección de sus fallas, la corrección de sus fisuras y para una puesta a punto de los distintos sectores que integran su compleja estructura.

Tras casi seis meses de tensión por el acoso del virus, se puede asegurar que la situación es más precaria que cuando se cerró un período de doce años sin cambios significativos. En estos momentos se ejecuta un limitado esfuerzo por mejorar la infraestructura edilicia mientras el vendaval de la cuarentena amenaza con cerrar las puertas de buena parte de los colegios privados, una de las opciones más usadas por las familias para eludir el inestable servicio de gestión pública.

Los objetivos del año escolar se han diluido. Quedan estudiantes desconcertados, familias sumidas en la incertidumbre y docentes reclamando mejoras salariales y laborales. Ante ese panorama hay un gobierno con las manos vacías. 

Fuente: AriesOnline

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